Ngoc Son Ngo Luong, todavía soy incapaz de pronunciarlo. Así que a partir de ahora me referiré a este lugar como NGNL o mucho mejor, como la reserva de Jaime. Y es que este rincón escondido de Vietnam es una reserva natural donde Jaime, un chico español, ha estado trabajando durante dos años con su fundación en un proyecto de ecoturismo. Y qué bien lo han hecho!
Esta reserva está bastante cerquita de Hanoi (4 horas en furgo no son nada), así que el sábado tempranico por la mañana quedamos toda la troupe de españolxs para marchar allá. Tras una parada técnica para aprovisionarnos de agua y banh mi trungs (bocatas de tortillas) emprendimos la marcha a la provincia de Hoa Binh.
El guía nos recibió en la primera homestay (pensiones hechas en casas tradicionales) en el pueblo de Chieng, donde comimos el almuerzo y donde empezamos un sencillo trekking, o al menos ese era el plan. En cuanto echamos a andar empezamos a ser conscientes de la maravilla de sitio al que habíamos llegado, montañotas verdes verdes, los arrozales a puntito de caramelo, nada de desarrollo turístico... un lujo!
| Primer incidente: La Pepa se nos lesiona |
Tras un ratito de caminata llegamos al pueblo Mu, qué estampa!!! Todo el pueblo para arriba y para abajo cosechando, cruzándose por los caminos con los búfalos de agua, corriendo cargando con las canastas de arroz... se barruntaba lluvia. En el mismo pueblo además tienen una cascada. Pero una cascada que no nos imaginábamos lo grande que era y sobre todo la cantidad de agua que bajaba... el sonido era abrumador. Ahí fue cuando empezó a llover.
A todo esto, el resto del camino era cuesta abajo por un senderillo de barro que se convirtió en un río. Hubo unas cuantas culetadas. Lo mejor de todo es que estábamos de un buenrollismo de la leche, así que lo mismo nos daba y nos lo pasamos pipa por el camino, saltando, cantando "Esta noche ha llovido, mañana hay barro"(que ya es famosa en Vietnam:) Así que cuando llegamos al pueblo Khuong casi que nos dio hasta pena, jeje!
Eso sí, menuda homestay, yo me quedé alucinada. La casa era la típica casa vietnamita, pero estaba al lado de un río con una cascadilla también, tenía un velador que hacía las veces de mirandor... Super super chula. Y lo mejor la mujer que la lleva, que persona más guay, todo el rato sonriendo, super amable... Siento no tener muchas fotos de estos momentos, pero entre la lluvia y que mi cámara no sé que la pasa que le cuesta mil enfocar, el caso es que no estuve yo muy fotógrafa.
Trás despojarnos de nuestros ropajes, todo mojado, todo, todo, todo (hasta lo de las mochilas), y cuando la lluvia parecía que nos daba una pequeña tregua, salimos a dar un paseo por el pueblo antes de que se fuese la luz. Estábamos en el Vietnam profundo profundo, la etnia que vive aquí son los Muong, y afortunadamente todavía conservan sus modos de vida. Además estábamos gratamente sorprendidas, porque a diferencia de la etnia mayoritaria de Vietnam, los khin, aquí los chicos eran super guapos, jeje!
También nos colamos en una casa, previo consentimiento, donde estaban cribando el arroz con una especie de rueda dentada, como el mecanismo de una caja de música. Yo no había visto nunca nada así y estaba encantada.
El remate de la jornada fue también la mar de divertido. Vino un grupo de folklore del pueblo y nos hicieron los bailes típicos. Además nos pidieron que bailásemos y cantásemos algo típico de españistan, y como no, volvió a caer la jota "esta noche ha llovido". Estamos fatal.
Esa noche dormimos como ceporros, tanto, que nos teníamos que despertar a las 7 de la mañana y hasta las 9 y pico no abrió los ojos la primera. Además que esta gente es tan educada que no quisieron despertarnos. Lo malo es que ya no tuvimos tiempo de hacer el trekking que teníamos planeado para ese día, pero hicimos otro, más cortito. Además durante la vuelta pudimos ver lo que el día anterior la lluvia no nos había dejado. Paramos en una tercera homestay (están super organizadxs), donde aprovechamos para comer y darnos un chapuzón en el río. Después de la pitanza nos estaban esperando un regimiento de xe om (moto-taxi) para llevarnos de vuelta hasta donde nos había dejado la furgoneta el día anterior.
Menudo caminito!!! Casi una hora de paquete en la moto, por unos caminos de cabras de la leche, desvertebrándonos y temiendo en cada cuesta por nuestra vida, jajaja! Yo pensaba que como soy un poco miedica probablemente esa fuese sólo mi sensación, pero cuando llegamos al destino las caras del resto reflejaban que el camino había sido para todxs la misma tortura. Que exageradica soy cuando quiero!
Ya sólo nos quedaba dar las gracias a todo el mundo y volver a Hanoi. Bueno, pues tampoco. No habíamos casi salido del pueblo cuando la furgo se quedó atascada en el barro. Pero es sí, al minuto apareció todo el batallón de xe oms y todos los lugareños y sacarón la furgoneta en un plis plas. Ahora sí que sí, volvemos a Hanoi. Y cuando ya parecía que no podía pasarnos nada más, cuando estábamos justo entrando a Hanoi, tuvimos un pequeño accidente. No fue nada grave, pero a nuestra furgo le dieron por detrás, y el del otro coche salió corriendo. Aquí el tema de los seguros debe funcionar como el resto de las cosas... Así que nos quedamos un poco tristes por nuestro conductor, que es más majo que las pesetas. Espermos que no sea él quien tenga que pagarlo.
Para no quedarnos con la bajona, y a parte porque teníamos una hambre del quince, nos fuimos a cenar todxs juntxs, con un olor a chotuno de cuidado y con unas pintas un tanto extrañas (llevábamos lo poco que se había secado, así que las combinaciones eran un tanto imposibles). Pero la cena estuvo genial como colofón a un fin de semana espectacular. El lugar es increíble, se mire por donde se mire, por su paisaje, por su gente... y también gracias a todxs esxs personajes con los que compartí la experiencia: Sole, Debo, Cristi, Pepa, Julita y Juan. Un auténtico placer!
Próxima estación: Quan Lan (apurando que ya no me queda mucho...)
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