Las semillas se han liado la manta a la cabeza y han emprendido rumbo hacia nuevas tierras. Esta vez el destino ha sido Camboya, en concreto los templos de Angkor.
Angkor fue durante cientos de años sede de las distintas capitales del imperio Khmer, donde cada rey construyó su templo, eso si, procurando que éste fuese más grande y majestuoso que el del rey anterior . Tanto es así que en realidad este complejo cuenta con cientos de ellos repartidos a lo largo de más de 400 kilómetros cuadrados, aunque los más famosos se encuentran en un recinto de apenas 50 kilómetros cuadrados.
A mi me resulta además muy curioso que todos estos templos han permanecido durante cientos de años ocultos a los ojos occidentales, a excepción de Angkor Wat, y fue en 1860 cuando un naturalista francés descubrió el primero de ellos literalmente tragado por la jungla. Algunas de las fotos que pongo en el blog dan fé de ello.
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| Puerta sur de Angkor Thom |
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| Bayon |
El primer día salimos bien preparadas para combatir a un lorenzo que daba miedito, y equipadísimas con nuestras bicicletas tartanillas, empezamos la ruta. Esta primera jornada empezamos por el circuito corto, con la primera parada en Angkor Thom, la ciudad imperial, dentro de la cual hay muchos templos, templillos y templetes. Este primero es el de Bayon, uno de los más famosos, igual no lo reconocéis en esta foto, pero ya veréis como sí en las siguientes.
Encontrad las 7 diferencias
Esto sigue siendo el templo Bayon, y es que es famoso porque tiene más de 200 caras labradas en sus 54 torres. Estas caras representan a la divinidad budista más importante para el rey que lo mandó construir, Javayarman VII.
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| Campando como Pedro por su casa |
Una de las cosas más bonitas que tiene Angkor, o al menos para mí, son los bajorrelieves de sus templos, este es un ejemplo de ello. Muchos ya están muy degradados, pero teniendo en cuenta que varios de los templos tienen más de mil años y que la piedra es arenisca bastante bien están.
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| Er Paquito en Ta Keo |
Este templo es Ta Keo, el cual nunca se llegó a terminar, pese a eso también tiene mucho encanto.
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| Ta Prohm |
Aquí otra de las postales típicas de Ankgor. Y es que en varios templos los árboles se han ido abriendo hueco entre las paredes del muro, recordándonos que no hace mucho éstos estaban inmersos en la jungla. La combinación es asombrosa. En este sentido Ta Prohm es el más impresionante.
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| Cómo me está gustanto esto!!! |
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| Así se debía sentir-sentar la faraona |
El segundo día comenzamos la ruta larga, pero antes pasando por Angkor Wat, el símbolo del país, tanto que aparece hasta en su bandera. Pese a ser el templo mejor conservado de todo el complejo a mi no fue ni con mucho el que más me gustó. Y es que las hordas de japoneses para arriba y para abajo junto con otros cuatrillones de turistas deslució un poco la visita, que le vamos a hacer, çe la vie!
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| Un bajo relieve que si os soy sincera ya no sé ni de que templo era |
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| Prah Khan |
Bueno, este es uno de los templos que a mi más me gustó. Aunque Prah Khan está bastante ruinoso tiene mucho encanto. Al igual que en Ta Prohm, los árboles han ido haciendo de las suyas conviertiéndolo en una combinación curiosísima entre la naturaleza y la mano del hombre. Es un templo larguísimo, y una de las cosas que más me cautivó fue la luz que había dentro de la galería... eso no sé ni cómo describirlo.
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| Ese chorizo de Mecerreyes que nos alegró el día!!!! |
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| Ella sí que sabía lo que era sentir una agujero en el estómago |
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| Puerta este de Angkor Thom |
Después de una tourné de unos 40 kilómetros bajo un sol de justicia, y con unos cuantos templos en las espaldas y en la memoria de la cámara, volvimos a Siem Riap a retomar fuerzas para el siguiente y último día. El día aún así nos hizo un regalo más, y es que de camino de vuelta nos encontramos con un grupo de niñas y niños refrescándose en la laguna que hay frente a Angkor Wat, y que nos hicieron partirnos de la risa con sus saltos y malabarismos.
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| Camboyanitas y camboyanitos |
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| Amanecer en Angkor Wat |
A las 4 y media de la mañana, si, si, repito, a las 4 y media de la mañana nos levantamos para ver el amanecer en Angkor Wat. No sé que me llamó más la atención, si el amanecer, que tampoco fue muy allá, o los cientos de borreguitos que nos hacinábamos para tener la mejor vista del momento. Vaya tela!
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| Kepu Kepa allí, aquí y dónde sea! |
Como ese día íbamos a ver los templos más alejados cogimos un tuk-tuk, un motocarro peleón. Las fotos de abajo son para ilustraros como son las gasolineras tipo del sudeste asiático.
Lleno de Red Label sin plomo
Primero fuimos a Kbal Spean, el más alejado de todos. El tuktukero nos dejó a pie de montaña y a partir de ahí emprendimos el camino montaña a través. Lo bueno fue que como nos habíamos dado todo el madrugón todavía no hacía mucho calor y la subida fue muy llevadera, y lo más importante de todo... no había turistas!!!
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| Esta gente se ha tomado la limpieza de monte muy a pecho |
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| Kbal Spean |
Y esto es Kbal Spean! Ya nos habían advertido que no era un templo al uso, pero aún así fue igualmente sorprendente encontrarnos con todas esas piedras del río esculpidas.
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| La emoi en momento nirvana |
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| El paisaje también tiene su tela |
Después de esta experiencia tan mística nos dirigimos al último templo que nos quedaba por ver, Bateay Srei. Aquí se nota mucho que está metida la cooperación suiza, porque en lugar de campar por nuestras anchas como en el resto de los templos aquí teníamos bien delimitado el recorrido y bueno, el templo estaba restaurado que daba gusto verlo, jeje!
Y aquí terminó la primera etapa de nuestro viajecito. Al día siguiente salimos hacia Phnom Penh, la capital de Camboya, donde apenas estuve 24 horas. Lo único que me dio tiempo a hacer fue pasear un poco y visitar los killing fields, uno de los campos de exterminio de los Khemeres rojos. Esta fue una experiencia un tanto intensa, y como espero que comprendáis no hay fotos. Lo que sí que os animo si os interesa es a que leáis un poquito la historia contemporánea de Camboya, un país que ha sufrido uno de los genocidios más brutales de los últimos años.
Bueno, y aquí no terminó el viaje, desde Phnom Penh cogimos un barco que nos llevó hasta la frontera con Vietnam, y aquí comenzó la segunda parte, el descenso del Mekong, que lo dejo para otra entrada, vale?
Aiss!!! Que no se me olvide... al igual que en el resto de los viajes, tan importante es lo que ves como con quien lo ves. En este caso fueron estas dos personitas, Débora, compi de Hanoi y Paco, coleguilla trotamundos que conocimos en Tailandia y con quien volvimos a coincidir en Angkor. Así que muchas gracias a los dos! Ojalá nuestros caminos se vuelven a cruzar!