lunes, 27 de febrero de 2012

Delta del Mekong




Llegando a  Chau Doc, primer pueblo tras cruzar la frontera con Camboya 

Esta entrega viene con algo de retraso, pero es que las semillas en invierno entran en letargo y las cosas van un poquito más lentas.
Tras la increíble experiencia de Camboya y quedándonos algunos días de vacaciones (estábamos celebrando el Tet, o lo que es lo mismo, el año nuevo chino) nos embarcamos río abajo rumbo a Vietnam. Nuestro siguiente objetivo era el delta del Cuu Long, o como nosotras lo conocemos, el río Mekong.
Atardece en Chau Doc 
Inundaciones del Mekong (cada año!)
Este es uno de los ríos más grandes del mundo, nace en el Tibet, y hasta desembocar en el sur de Vietnam sus aguas cruzan China, Birmania, Tailandia, Laos y Camboya. Aquí también llaman al Mekong el río de los Nueve Dragones, pues antes de llegar al mar se ramifica en nueve brazos, los cuales a su vez se dividen en infinidad de canales, formando uno de las llanuras aluviales más grandes del mundo. El Delta del Mekong es un delta laberíntico repleto de cocoteros, plataneras, otros árboles frutales exóticos, pero sobre todo sobre todo, de campos de arroz. Su fertilidad es tal que en muchas zonas han conseguido obtener 4 cosechas anuales de arroz, aunque creo que como ya comenté en alguna entrada anterior lo natural serían dos. Pero aquí la revolución verde entró fuerte, y han conseguido industrializar tanto la agricultura que han convertido a Vietnam en el segundo exportador mundial de arroz, aunque luego algunas etnias de las montañas continúan teniendo problemas de malnutrición, que me lo explique quien lo entienda…

Pueblo de Cham
Como se puede deducir de algunas de las fotografias el Mekong es una región altamente afectada por la inundaciones (de ahí los pueblos flotantes, las casas sobre pilares...). Tanto es así que cada año sufren tremendas pérdidas en los campos, en las granjas, y lo que es más terrible, de vidas humanas. El año pasado perdieron la vida 78 personas, de las cuales 65 eran niños. Y esto no es fruto de la casualidad, Vietnam es uno de los 5 países más afectados por el cambio climático, tanto es así que el propio delta del Mekong podría desaparecer... 800.000 kilómetros cuadrados!!! No quiero parecer catastrofista, pero creo que es importante también conocer la cara menos amable de estas realidades. Para no dejaros con mal sabor de boca continúo con el relato del viaje...

Paseito en Can Tho
En el Mekong o tienes muchísimo tiempo o necesitas contratar un tour para visitarlo, ya que las comunicaciones son escasas, y además no te sale más caro, si no todo lo contrario. Pero si lo llego a saber contrata un tour su prima la de Móstoles, menudo timo!!! La organización era pésima, las esperas larguísimas, y además tampoco nos llevaron a ver tantas cosas… Nosotras contratamos el viaje de 4 días, pero casi que podíamos haberlo hecho todo en 2. A eso hay que sumarle que nos sentíamos como auténticas borreguitas y que para colmo, como era Tet, la vida en el delta parecía haberse paralizado, apenas vimos nada del movimiento que caracteriza la vida en el Mekong.
Bicicletismo entre arrozales
Visto así puede parecer que el viaje fue un horror, pero bueno, por otro lado el paisaje natural, cultural y humano que vimos allí es increíble, y sólo por eso ya merece la pena.
Celebrando el Tet en Can Tho
Débora y Alicia haciendo amiguitos
Camino al mercado flotante de Can Tho
barco bar
Así es como hacen los fideos de arroz
La primera vez que veo una planta de piña!
Fruta del dragon
My Tho
Flor de loto, símbolo del país
Paseo en barca por los canales de Ben Tre


















Pero nunca hay apagones...
El viaje lo terminamos en Ho Chi Minh, antigua Saigon, capital financiera de Vietnam, que poco o nada tiene que ver con Hanoi, es mucho más moderna, más occidental y bajo mi punto de vista con mucha menos personalidad. Yo prefiero muchitisísimo más Hanoi, jeje.
La siguiente parada de las semillas ha sido el Parque Natural del Ba Be, en la otra punta del país, se me acumula el trabajo!!!

miércoles, 1 de febrero de 2012

Angkor អង្គរ



Las semillas se han liado la manta a la cabeza y han emprendido rumbo hacia nuevas tierras. Esta vez el destino ha sido Camboya, en concreto los templos de Angkor. 

Angkor fue durante cientos de años sede de las distintas capitales del imperio Khmer, donde cada rey construyó su templo, eso si, procurando que éste fuese más grande y majestuoso que el del rey anterior . Tanto es así que en realidad este complejo cuenta con cientos de ellos repartidos a lo largo de más de 400 kilómetros cuadrados, aunque los más famosos se encuentran en un recinto de apenas 50 kilómetros cuadrados.

A mi me resulta además muy curioso que todos estos templos han permanecido durante cientos de años ocultos a los ojos occidentales, a excepción de Angkor Wat, y fue en 1860 cuando un naturalista francés descubrió el primero de ellos literalmente tragado por la jungla. Algunas de las fotos que pongo en el blog dan fé de ello. 

Puerta sur de Angkor Thom
Bayon
El primer día salimos bien preparadas para combatir a un lorenzo que daba miedito, y equipadísimas con nuestras bicicletas tartanillas, empezamos la ruta. Esta primera jornada empezamos por el circuito corto, con la primera parada en Angkor Thom, la ciudad imperial, dentro de la cual hay muchos templos, templillos y templetes. Este primero es el de Bayon, uno de los más famosos, igual no lo reconocéis en esta foto, pero ya veréis como sí en las siguientes.
 Encontrad las 7 diferencias

 

Esto sigue siendo el templo Bayon, y es que es famoso porque tiene más de 200 caras labradas en sus 54 torres. Estas caras representan a la divinidad budista más importante para el rey que lo mandó construir, Javayarman VII.
Campando como Pedro por su casa

Una de las cosas más bonitas que tiene Angkor, o al menos para mí, son los bajorrelieves de sus templos, este es un ejemplo de ello. Muchos ya están muy degradados, pero teniendo en cuenta que varios de los templos tienen más de mil años y que la piedra es arenisca  bastante bien están.
Er Paquito en Ta Keo
Este templo es Ta Keo, el cual nunca se llegó a terminar, pese a eso también tiene mucho encanto.
Ta Prohm
Aquí otra de las postales típicas de Ankgor. Y es que en varios templos los árboles se han ido abriendo hueco entre las paredes del muro, recordándonos que no hace mucho éstos estaban inmersos en la jungla. La combinación es asombrosa. En este sentido Ta Prohm es el más impresionante.
Cómo me está gustanto esto!!!
Así se debía sentir-sentar la faraona
El segundo día comenzamos la ruta larga, pero antes pasando por Angkor Wat, el símbolo del país, tanto que aparece hasta en su bandera. Pese a ser el templo mejor conservado de todo el complejo a mi no fue ni con mucho el que más me gustó. Y es que las hordas de japoneses para arriba y para abajo junto con otros cuatrillones de turistas deslució un poco la visita, que le vamos a hacer, çe la vie!
Un bajo relieve que si os soy sincera ya no sé ni de que templo era

Prah Khan

Bueno, este es uno de los templos que a mi más me gustó. Aunque Prah Khan está bastante ruinoso tiene mucho encanto. Al igual que en Ta Prohm, los árboles han ido haciendo de las suyas conviertiéndolo en una combinación curiosísima entre la naturaleza y la mano del hombre. Es un templo larguísimo, y una de las cosas que más me cautivó fue la luz que había dentro de la galería... eso no sé ni cómo describirlo.

Ese chorizo de Mecerreyes que nos alegró el día!!!!

Ella sí que sabía lo que era sentir una agujero en el estómago

Puerta este de Angkor Thom
Después de una tourné de unos 40 kilómetros bajo un sol de justicia, y con unos cuantos templos en las espaldas y en la memoria de la cámara, volvimos a Siem Riap a retomar fuerzas para el siguiente y último día. El día aún así nos hizo un regalo más, y es que de camino de vuelta nos encontramos con un grupo de niñas y niños refrescándose en la laguna que hay frente a Angkor Wat, y que nos hicieron partirnos de la risa con sus saltos y malabarismos.
Camboyanitas y camboyanitos 

Amanecer en Angkor Wat
A las 4 y media de la mañana, si, si, repito, a las 4 y media de la mañana nos levantamos para ver el amanecer en Angkor Wat. No sé que me llamó más la atención, si el amanecer, que tampoco fue muy allá, o los cientos de borreguitos que nos hacinábamos para tener la mejor vista del momento. Vaya tela!

Kepu Kepa allí, aquí y dónde sea!
Como ese día íbamos a ver los templos más alejados cogimos un tuk-tuk, un motocarro peleón. Las fotos de abajo son para ilustraros como son las gasolineras tipo del sudeste asiático.


Lleno de Red Label sin plomo

Primero fuimos a Kbal Spean, el más alejado de todos. El tuktukero nos dejó a pie de montaña y a partir de ahí emprendimos el camino montaña a través. Lo bueno fue que como nos habíamos dado todo el madrugón  todavía no hacía mucho calor y la subida fue muy llevadera, y lo más importante de todo... no había turistas!!!
Esta gente se ha tomado la limpieza de monte muy a pecho
Kbal Spean
Y esto es Kbal Spean! Ya nos habían advertido que no era un templo al uso, pero aún así fue igualmente sorprendente encontrarnos con todas esas piedras del río esculpidas. 


La emoi en momento nirvana
El paisaje también tiene su tela

Después de esta experiencia tan mística nos dirigimos al último templo que nos quedaba por ver, Bateay Srei. Aquí se nota mucho que está metida la cooperación suiza, porque en lugar de campar por nuestras anchas como en el resto de los templos aquí teníamos bien delimitado el recorrido y bueno, el templo estaba restaurado que daba gusto verlo, jeje!


Y aquí terminó la primera etapa de nuestro viajecito. Al día siguiente salimos hacia Phnom Penh, la capital de Camboya, donde apenas estuve 24 horas. Lo único que me dio tiempo a hacer fue pasear un poco y visitar los killing fields, uno de los campos de exterminio de los Khemeres rojos. Esta fue una experiencia un tanto intensa, y como espero que comprendáis no hay fotos. Lo que sí que os animo si os interesa es a que leáis un poquito la historia contemporánea de Camboya, un país que ha sufrido uno de los genocidios más brutales de los últimos años.

Bueno, y aquí no terminó el viaje, desde Phnom Penh cogimos un barco que nos llevó hasta la frontera con Vietnam, y aquí comenzó la segunda parte, el descenso del Mekong, que lo dejo para otra entrada, vale? 

Aiss!!! Que no se me olvide... al igual que en el resto de los viajes, tan importante es lo que ves como con quien lo ves. En este caso fueron estas dos personitas, Débora, compi de Hanoi y Paco, coleguilla trotamundos que conocimos en Tailandia y con quien volvimos a coincidir en Angkor. Así que muchas gracias a los dos! Ojalá nuestros caminos se vuelven a cruzar!