Bueno, bueno,
bueno, si hasta ahora me había costado contaros las impresiones que me está
causando Vietnam lo de Sapa va un poco más allá. El viernes un grupo de ocho
españolicos ( ya lo sé, ya lo sé, que así no voy a aprender inglés en la vida)
marchamos rumbo a las montañas del norte, para que os hagáis una idea, tan al
norte que el pueblo donde nos dejó el tren, está en una orilla del río, y en la
otra está China. Trás un viajecito en tren nocturno de 9 horas llegamos hasta
Lao Cai, el pueblo del que os hablaba, una vez aquí tuvimos que coger un minibús que nos llevó en más o menos una hora
hasta Sapa.
Allí nos dio la bienvenida una rasca de Nebraska de aquí te espero. Menos
mal que íbamos advertidos, así que nos ataviamos con miles de refajos, capas y
capillas, polares, chubasqueros, bufandas y demás complementos. En Sapa
habíamos quedado con Mango, una chica vietnamita que es compañera de piso de Nana,
una de las amigas españolas, y que estaba pasando unos días con su familia. De
hecho fue esa la razón por la que fuimos a Sapa, porque era toda una
oportunidad conocer esta región de la mano de una auténtica H'mong (esta es la etnia
a la que pertenece Mango).
Una vez realizadas las compras de rigor (es que tienen imitaciones muy buenas de north face a precios de risa)
nos fuimos a lo que habíamos venido, a patear! Al grupo se unieron una amiga de
Mango y otras dos mujeres. Ya nos habían contado lo insistentes que pueden ser aquí
las vendedoras, que te siguen incluso hasta tres horas para que les compres
algo. En nuestro caso fue una maravilla tenerlas ahí, no nos dijeron en ningún
momento que las comprásemos nada, todo lo contrario, dónde el camino se hacía
complicado por el barro, por la pendiente o porque había que cruzar un rio
ellas nos ayudaban, nos daban de la mano, nos guiaban… Sólo tenemos palabras de
agradecimiento hacia ellas.
La ruta fue impresionante. No os he contado que aparte de montañosa la zona
de Sapa es fundamentalmente arrocera, así que todas las montañas están llenas llenitas de terrazas,
el paisaje era acoj… sobrecogedor! También es cierto que no fuimos en la mejor
época del año, pues hace aproximadamente un mes que se cosechó el arroz, pero
aún así es precioso. Aunque claro está que en primavera volveremos para
comparar, jeje.
Llegamos a Lao Chai por la tarde, después de un camino un tanto
accidentado. Aquí nos despedimos de nuestras Chiois (así es como rebautizamos a
las mujercillas) y donde buscamos algo para comer y un sitio donde quedarnos a
dormir. A última hora dimos un paseo por
los alrededores del pueblo, andando entre las terrazas encharcadas, escuchando
las historias de Mango, oyendo como un chamán cantaba para curar a un niño
enfermo… Una experiencia completita vamos.

El lugar donde nos quedamos a dormir fue una “Home Stay”, o lo que es lo mismo, la casa de una familia que tienen una habitación con colchones, mantas y mosquiteras, donde te puedes alojar. También cenamos con ellos, la comida riquísima, y al final sacaron el vino de arroz y estuvimos brindando (no veas tú como arrea el vino ese, menudas risas nos echamos).
Y hasta aquí el fin de semana en las montañas del norte, intenso intenso y altamente recomendable.
| Sapa |
| Mango y Débora |
| La chioi de mis amores |
| Disfrutando del camino |
| Llegando a Lao Chai |
| Lao Chai |
| Nana y Sole al filo de los impresentable |
El lugar donde nos quedamos a dormir fue una “Home Stay”, o lo que es lo mismo, la casa de una familia que tienen una habitación con colchones, mantas y mosquiteras, donde te puedes alojar. También cenamos con ellos, la comida riquísima, y al final sacaron el vino de arroz y estuvimos brindando (no veas tú como arrea el vino ese, menudas risas nos echamos).
Al día siguiente madrugamos un poquito, pues cogimos un autobús que nos
llevó hasta Bac Ha, otro pueblecito de la región donde se celebra el mercado de
los domingos, y baja gente de muchísimas etnias (o al menos eso era lo que
ponía en la Lonely). El mercado era un hervidero de gente para arriba y para
abajo, mujeres de las distintas etnias, aunque echamos de menos a algunas,
turistas, comerciantes…. El mercado tenía de todo, puestos de carne, de
verduras, de cuchillos, de artesanía para turistas, de ropa para ellas, mercado
de ganado (búfalos, caballos, ovejas, perros…) Allí echamos la mañana, y por la
tarde nos fuimos a dar un mini paseíto al monte antes de volver al autobús para
Cao Lai, y de ahí el tren nocturno para Hanoi.

| Búfalo albino |
| Street food en el mercado |
Y hasta aquí el fin de semana en las montañas del norte, intenso intenso y altamente recomendable.
A ver si un día os cuento también alguna cosillas más sobre Hanoi y la vida
cotidiana aqui. Estamos pensando hacer un álbum con una recopilación
fotográfica de la versatilidad de las motos, jeje. Ya os iré contando.
Próxima estación: ¿?